
Bulimia
Es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por episodios de ingesta excesiva que, para evitar el aumento de peso, se compensan mediante conductas como los vómitos, el uso de laxantes o diuréticos.Definición
La Organización Mundial de la Salud marca los siguientes criterios de diagnóstico:
Mediante la evitación del consumo de alimentos que considera que “engordan” y a través de uno o más de los siguientes comportamientos:
a. Vómitos autoprovocados.
b. Purgas intestinales.
c. Ejercicio físico excesivo.
d. Consumo de fármacos anorexígenos o diuréticos.
Caracterizada por un miedo intenso y persistente a ganar peso o a la flacidez corporal, que actúa como una idea sobrevalorada. La persona se impone a sí misma mantenerse por debajo de un límite máximo de peso corporal.
Síntomas
- Atracones o ingestas descontroladas de alimentos.
- Sensación de pérdida de control y de incapacidad para dejar de comer.
- Periodos de restricción alimentaria para compensar los episodios de atracón, junto con conductas de purga como vómitos o el uso de laxantes y diuréticos, sin que la persona afectada reconozca la gravedad del problema.
- Apariencia externa aparentemente saludable.
- Ocultación de los síntomas.
- Presencia frecuente de episodios depresivos y de dificultades en el control de los impulsos.
Tratamiento
No existe una única línea de actuación en los trastornos de la conducta alimentaria de tipo bulímico. Los modelos psicológicos más eficaces son los cognitivo-conductuales, y la terapia farmacológica puede ser un apoyo importante para favorecer un buen resultado del tratamiento. La psicoterapia puede realizarse de forma individual o grupal, generalmente bajo el enfoque cognitivo.
La teoría cognitiva trata de explicar cómo y por qué se producen determinados comportamientos, de dónde surgen los pensamientos, sentimientos y emociones, y qué factores intervienen en este proceso.
Otros modelos de intervención psicológica también han demostrado eficacia en el tratamiento de la bulimia, especialmente la terapia interpersonal. La aplicación de normas y pautas sobre la alimentación es fundamental para corregir las distorsiones alimentarias que favorecen la aparición de atracones y vómitos.
Factores socioculturales
En la bulimia nerviosa también influyen factores socioculturales que pueden favorecer el desarrollo del trastorno. La presión social que impulsa a las jóvenes a ser delgadas y esbeltas puede llevar a que algunas personas, que no logran mantener una conducta restrictiva de forma continuada, se vean abocadas a episodios de atracones.
Los factores culturales asociados a la bulimia nerviosa son similares a los de la anorexia nerviosa. Los medios de comunicación, la moda y la industria de productos “light” refuerzan la idea de que estar en forma equivale a estar delgado, y que la delgadez es un requisito para alcanzar la belleza, la felicidad, el éxito laboral y el éxito en las relaciones sociales. La publicidad y las series de televisión suelen mostrar una imagen idealizada de la mujer, con un cuerpo, una carrera profesional y una vida personal aparentemente perfectos.
Esta asociación entre éxito y delgadez puede llevar a algunas jóvenes a iniciar dietas restrictivas que, cuando no pueden mantenerse, se ven interrumpidas por atracones y vómitos. Al igual que en la anorexia, factores como la dificultad para alcanzar la autonomía, el miedo a madurar, los déficits de autoestima y el perfeccionismo pueden favorecer la aparición de la bulimia nerviosa. A estos se pueden sumar la presencia de depresión, sobrepeso y conductas impulsivas con pérdida de control.
Intervención con las familias
- Información clara sobre la patología.
- Conocimiento de los recursos y medios terapéuticos.
- Corresponsabilidad en el tratamiento.
- No aplazar el inicio del proceso terapéutico.
- Recuperar la capacidad de intervención familiar.
- Aprobación y apoyo de la terapia por parte de los padres.
- Compromiso activo de la familia.
- Fomentar relaciones saludables entre la familia y la persona afectada.
- Superar el miedo al proceso de maduración de la paciente.
- Reforzar la maduración, la autonomía y la responsabilidad de la persona afectada.
- Estimular la cooperación entre los miembros de la familia.
- Transmitir mensajes preventivos que mejoren el pronóstico.
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